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Dentro de los espectáculos deportivos romanos, los gladiadores suponen el espectáculo por excelencia, tanto para los antiguos romanos, como para la mayoría de público en la actualidad. La cinematografía a mitificado la vida de estos luchadores, banalizando hasta el extremo el nombre de gladiador. Hoy nos es difícil entender que dentro de su larga historia el paso del esclavo condenado simplemente a morir con la espada en la primera época tardo republicana, paso rápidamente a convertirse en un profesional con oficio, en un luchador preparado para ofrecer un espectáculo sangriento, sin la necesidad de llegar en todos los casos a la muerte. Roma junto con otras grandes ciudades, no muchas, situaban el limite entre las masacres gladiatorias y el espectáculo de gladiadores en el resto del imperio.
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